En Europa hablan de “el” Danubio, para referirse al segundo río más grande del viejo continente. en Venezuela, en cambio, se habla de “la” Danubio, para nombrar a la más conocida red de pastelerías que recorre la ciudad de Caracas.

La familia Kerese fundó la primera pastelería Danubio en Chacao en 1970.
cuarenta y dos años después, esta sede no sólo se mantiene sino que es el afluente principal que surte a las otras seis sucursales: la de Santa Rosa de Lima, la del Multicentro Empresarial del Este, la de Santa Mónica, la de La Trinidad, la de Macaracuay y la más reciente la del Centro Comercial Las Cúpulas, en Los Palos Grandes.

Desde 1970 hasta el día de hoy, la pastelería Danubio ha garantizado que el sabor, la textura y la calidad de sus cachitos, sus pasteles, sus postres y todos sus productos sea la misma, forjando en el paladar de los caraqueños una sensación de familiaridad y pertenencia.

La pastelería Danubio se mantiene fiel a su marca de origen: no es una franquicia sino un negocio familiar. El secreto no está sólo en los ingredientes, sino en la pasión con que se hace el trabajo. pasión por el oficio de sus empleados, quienes han contribuido con su presencia a lo largo de varios años, incluso décadas, a mantener vigentes las razones por las que la pastelería Danubio es una referencia imprescindible de la caracas moderna.

No otra cosa podría decirse de los clientes, quienes han hecho de la pastelería Danubio una prolongación de sus propios hogares, dándole un espacio en los cumpleaños, bodas, bautizos y cualquier celebración o reunión familiar que luego habrá de recordarse.

Dice una vieja sentencia que “nadie se baña dos veces en el mismo río”.
en “el” Danubio que se supo inventar en el trópico, hace ya muchos años, los venezolanos se sumergen dos, tres y muchísimas veces, en cualquiera de los siete puntos de ese río de pasteles, donde el sabor y el saber, el hambre y el gusto, se confunden.